El Agua y cambio climático

El arma más efectiva contra COVID-19, jabón y agua, no está disponible para cerca del 40% de la población mundial, pues no cuenta con agua suficientemente limpia para lavar sus manos.

En la última semana se ha conmemorado el Día mundial del agua (desde el 20 marzo de 1993, Organización de Naciones Unidas) y tres días más tarde el Día mundial meteorológico (desde 1997, Organización Meteorológica Mundial). Ambas conmemoraciones en está ocasión apuntan directamente al que posiblemente sea el mayor desafío conocido y medido de la historia humana, pues desde una perspectiva meteorológica las sequías/inundaciones, son dos caras de un mismo fenómeno: el cambio climático. No hay agua donde usualmente abundó o hay demasiada donde usualmente no hubo. Pequeños, incluso mínimos, cambios naturales en el equilibrio del planeta (un par de grados centígrados promedio anual, un par de metros más en el nivel del mar, etc.) nos desafían a tareas titánicas. Por cierto, no hemos contribuido de la mejor forma a mantener la precaria estabilidad requerida para el confort de la vida y en especial la de los humanos en el planeta. Personalmente creo que hoy más que nunca debemos poner el intelecto y creatividad a trabajar en conjunto y de manera interdisciplinaria para prepararnos y aprender a vivir y convivir con nuestro nuevo entorno. No se trata de hacer frente a algo, se trata de lo que la misma evolución ha hecho de nosotros, en base a la adaptación al cambio y a la resiliencia. El intelecto de los profesionales podrá proveer soluciones técnicas y tecnológicas que permitan adaptar nuestro entorno inmediato brindando bienestar a las personas, no tengo duda de nuestras capacidades actuales y futuras.

Colocándonos en un contexto nacional, donde la escasez, producto de una sequía prolongada ya por una década o más, junto a una baja capacidad de distribución, están generando graves problemas: existe una alta probabilidad de que el 2021 suframos racionamiento hídrico domiciliario. Es necesario, más no suficiente ese ingenio y voluntad, también requeriremos de políticas que nos permitan sacar adelante los proyectos e iniciativas que den solución al problema. El marco legal respecto del uso del agua debiese estar construido sobre el entendimiento del sistema hídrico en su completitud y complejidad, lo que requiere sin duda del apoyo científico/tecnológico (siendo esto incluso un gran atractivo económico para inversión en conocimiento de los fenómenos físicos que permita desarrollar las tecnologías adecuadas; oportunidades de negocios que apoyen y fomenten la sostenibilidad/sustentabilidad de proyectos y el desarrollo de las comunidades y emprendimientos).

 Adicionalmente a la cantidad de agua requerida, la vida en su conjunto debe incluir la buena calidad del recurso, pues habiendo poca o mucha agua disponible, de no tener esta una calidad admisible, podría no servir para su propósito. Entendiendo que distintas calidades pueden ser utilizadas en distintos procesos, deberemos procurar conseguir entregar el recurso requerido y adecuado para cada quien; muchos procesos industriales pueden trabajar directamente con aguas grises, tratadas o recuperadas. Tecnologías actuales permiten a clientes mineros operar con agua salada sin tratar, directo del mar a sus procesos. Esto también es parte de la resiliencia y adaptación.

El día 13 de marzo y tras de 10 años de discusión más política que técnica, la comisión de agricultura del senado aprobó el despacho de la reforma al código de aguas de la nación. Un punto esencial para su aprobación recayó en que las autoridades de gobierno, en este caso la Dirección General de Aguas, descartara incluir un panel de expertos. Las razones esgrimidas fueron dos: no hallar acuerdo para su financiamiento ni las atribuciones que este tendría. Es decir, rechazamos el asesoramiento de un panel de expertos pues resulta que no logramos decidir cómo financiarlo y adicionalmente no podemos entregarle poder, pues sus recomendaciones/decisiones podrían tener consecuencias impensadas. Creo que las leyes naturales sin duda están sobre las humanas. Debiésemos construir a partir de ellas, como base, y no al revés; forzar la naturaleza a la conveniencia humana, es un riesgo muy alto. Los comités técnicos asesores (muy menospreciados también en el anteproyecto de Ley Marco Cambio Climático) son fundamentales para construir las bases de cualquier política desde un punto de vista imparcial, otorgándole un sustento sólido para la posterior implementación de las leyes.




Edgardo Dzogolyk

Consultor de Negocios en Recursos Hídricos Envíe su pregunta
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